Recargada en tus brazos de marfil
me mira, niña sonriente, y alegre
de la vida enmudeces.
Palabras inefables sonrojadas:
la condena al silencio, su grillete,
y tus ojos la felicidad de labios.
Sediento sin tus palabras
mudo, bebo de ti el zumo efímero
y oculto escondo mi agua de la vida.