En el naufragio de tus lágrimas,
me di cuenta que estaba enamorado.
Me di cuenta que mis versos,
eran escritos con la mirada de tu prosa,
y la prosa, era tu mirada hecha verso.
Tu presencia fue,
la blanca pintura, que cubrió en lo superficial mi sueño,
la triste partitura, que dirigió mis sonidos aparentes,
y la flama pesimista de la inmunda verdad, que me inspiró confianza.
Recuerdo que junto a ti,
mi cielo se volvió más blanco y oscuro,
mi música más armoniosa y disonante,
mi sonrisa más sincera y redundante.
Recuerdo los poemas de amor que te intentaba recitar,
y recuerdo que tu sonrisa fue el único poema que logre memorizar.
Recordando los alientos entramados
y a los amigos olvidados,
me di cuenta que tu desprecio
fue la barca en mi naufragio enamorado
5/sep/08
Iván Alberto Rivas Peralta
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